Este es un post de mierda.

No sé qué coño como los fines de semana, pero los lunes las paso canutas.

Hoy llegué a la casa que estoy reformando.

La reforma es de la planta alta y la familia está haciendo vida en la planta baja.

Ya había embarrado todo el pasillo de yeso y monté el andamio para poder enderezar y asentar la parte alta.

Después tocaría enlucir para dejarlo acristalado.

Pero un retortijón me cruzó desde el estómago hasta mis partes nobles con una punzada intensa.

¡Me estaba cagando!

Y soy de esas personas que, si no es en mi WC, no jiño en ningún lao.

Pero estaba a 15 minutos de mi casa en coche.

Me acordé de que Sebastián, el dueño de la vivienda, iba al médico con su señora y me dejaba solo.

Podría bajar y usar el baño, pero…

¿Y si vuelven y me ven en la planta baja?

Pueden desconfiar de mí y pensar cualquier cosa.

Así que pillé un cubo y una bolsa de plástico, la cual llené de aire para comprobar que no tenía agujeros. Después la puse dentro del cubo.

Mi principal preocupación era que no oliese, pues hasta la hora de irme no me llevaría el cubo y tendría que pasar por delante de la familia que, como siempre cuando me voy, está dándole a la cuchara.

Así que, entre punzada y punzada, tratando de que aquello no saliese antes de tiempo, le eché un par de puñados de yeso rápido a la bolsa que estaba colocada en el cubo y ahí sentí el alivio.

Pero olía.

Olía y bastante.

Tomé otra vez el yeso y cubrí aquel truño.

Hice dos nudos a la bolsa y la dejé dentro del cubo.

Después la enterré en yeso para que quedase completamente hermética.

Y, por fin…

¡No olía!

Solo hay un pequeño problema…

Cuando llegué a casa me acordé de que el cubo se me quedó allí.

Con la majá envuelta en yeso.

Mañana será otro día.

PD. Con este post solo quiero sacarte una sonrisa y demostrarte que el post más mierda fue el que más te entretuvo.

Ya ves…

Llegaste hasta aquí.

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