Solo si el cliente no tiene hambre (ni dinero)
Siempre he oído eso de:
“Es mejor enseñar a pescar que dar el pescado.”
Y sí, queda bonito en una taza de Mr. Wonderful.
Pero cuando estás en el mundo real, con facturas que no esperan…
te das cuenta de que eso depende.
Porque el que no tiene pasta…
Quiere aprender a pescar.
Se ve obligado.
Va a YouTube, se compra una caña barata y tira al río con más miedo que técnica.
Pero el que tiene dinero…
No quiere pescar.
No quiere ni saber de cañas.
Quiere que el plato le llegue servido.
Con limón, presentación y sin espinas.
Esto pasa con todo:
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En las reformas: unos quieren el tutorial… otros quieren que tú lo hagas todo.
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En el copy: unos quieren aprender a escribir… otros quieren que tú les pongas los textos en bandeja.
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En el marketing: unos buscan plantillas… otros pagan para que alguien piense por ellos.
¿Entonces qué haces tú como profesional?
Muy simple:
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A los que quieren aprender, enséñales… pero no gratis.
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A los que quieren el pescado servido, cóbraselo bien.
Porque no están pagando solo el texto, ni la pared lisa, ni el botón bonito.
Pagan por no tener que preocuparse.
¿Y qué nunca funciona?
Intentar convencer a un cliente de que pesque…
cuando él quiere pedir la carta.
O al revés.
Querer venderle un menú degustación…
a alguien que apenas tiene para pan.
Conclusión:
Hay mercado para todo.
Pero tú decides para quién trabajas.
Y si vas a dar pescado…
que sea a precio de restaurante.
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